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José Bono el Católico

 Bono y CañizaresEl discurso contradictorio y sofista de José Bono

Acabo de leer unas recientes declaraciones del Presidente del Congreso, José Bono.

Voy a resaltar las reflexiones que me parecen más “chocantes” o contradictorias.
Dice el Sr. Bono que:

1º.- “…espera y desea que la reforma de la legislación sobre el aborto se mejore en su trámite parlamentario y, en concreto, confía en que no se impida la compañía y las opiniones del entorno de la menor que tiene que tomar esa decisión, pues le «choca» que una chica de 16 años pueda abortar sin la opinión y el apoyo de las personas que la quieren…”
Le “choca” que una chica de 16 años pueda abortar sin la opinión y el apoyo de las personas que la quieren.

Sr. Bono el problema no es que la chica de 16 años aborte sin comunicarlo a sus padres. El problema es que decida abortar. Porque el aborto  es matar un ser humano ya concebido.

2º.- José Bono considera el aborto como un fracaso, un hecho triste.  Sr. Bono,  referirse al aborto como el que se refiere, por ejemplo,  al fracaso escolar es algo muy triste.  El aborto es más que un fracaso, es un crimen.

3º.- Para José Bono, “…el aborto tiene una trascendencia social grande, se presta a hacer planteamientos hasta muy demagógicos y sería bueno alcanzar el máximo nivel de consenso».  Sr. Bono no hay términos medios. El aborto es un crimen. Es matar un inocente.

4º .- José Bono no se plantea apelar al voto de conciencia cuando el proyecto llegue al Pleno del Congreso pues tal y como está configurada la legislación electoral española, los diputados debemos         –dice- el escaño al partido que nos presenta en listas cerradas y bloqueadas. «No me planteo la posibilidad de la indisciplina», garantizó.
Sr. Bono la conciencia personal está por encima de la legislación partidista. Y la conciencia y convicción personal se manifiesta en las conductas particulares.  No somos católicos en el pasillo de casa y dejamos de serlo en el Parlamento, en el trabajo.

Las declaraciones siguen en la misma línea contradictoria cuando alude a los símbolos religiosos.

Aborto y/o Eutanasia. Temas de actualidad

¿El aborto y la eutanasia son temas opinables?qpiensanqnopiensan

Los que ostentan los hilos del poder (políticos, prensa, determinados creadores de opinión, llamados intelectuales), argumentan con frecuencia que el discurso de la Iglesia Católica (y otras religiones) contra el aborto y/o la eutanasia no debe pasar la línea de la opinión y nunca se debe exponer con razonamientos para convencer según el pensar de de la Iglesia Católica.  De esa forma se argumenta con frecuencia y con acentos de pensamiento democrático o con argumentos de voto parlamentario, diciendo que oponerse al aborto o condenar la eutanasia, es algo que depende de las convicciones personales, de las creencias privadas de las personas, y nadie (sobre todo si es un creyente) debería imponer su punto de vista a los demás.

Afirman que es sinónimo de fundamentalismo afirmar no entender que la democracia posibilita el pensar que ante temas como el aborto y la eutanasia nadie puede presumir de poseer la verdad. Entonces, -concluyen-, en temas como estos el Estado debería permitir que cada uno decida según sus principios personales, sin que ninguna religión imponga a los demás su punto de vista. Lo contrario, dicen, es intolerancia, no saber vivir en democracia y raya el fundamentalismo y fanatismo.

Detrás de esta forma de pensar (muy presente en nuestra sociedad) reside un sofisma y un error. Error que consiste en confundir lo que es opinable con lo que es justo y recto. Y el pensar que todo lo que sea opinable puede ser aceptado. Y como -dicen-, esos temas (aborto y eutanasia) son asuntos que dependen de las creencias de la gente, entonces deberían quedar relegados al ámbito de lo privado.

¿Qué significa aborto y/o eutanasia?

Hay que aclarar que cuando hablamos de aborto y de eutanasia estamos hablando del deseo que tienen unos seres humanos de acabar con la existencia de otros seres humanos, lo cual destruye la justicia social y va contra el derecho a la vida. Estamos atacando los más claros derechos humanos: el derecho a la vida. Por eso, no estamos ante un tema opinable, algo que tiene que ver con lo que cada uno puede hacer  en el ejercicio de la propia libertad sin dañar los derechos de otros.bebe1

Atacar el derecho a la vida (eso es el aborto y la eutanasia) desde la decisión de los más fuertes, los que más votos tienen, los que ostentan el poder e imponer sobre los más débiles, los embriones y los fetos, la decisión de que no deben vivir, o sobre los que en una situación de enfermedad importante o de dependencia, deben dejar de vivir, es permitir una injusticia grave, propia de comportamientos autoritarios, totalitarios y basados en el poder del voto. Eso -cuando se lesiona un derecho fundamental- no se puede llamar conducta democrática.

De ahí que quienes argumentan que las religiones no deben (si quieren convivir en una sociedad democrática), imponer su punto de vista a los demás, habría que decir para ser justos que lo que hacen es no imponer sino proponer ese punto de vista de defensa de la vida.
Cuando en realidad, sucede que son los defensores del aborto y de la eutanasia (y aquí incluyo a los que permiten con su voto en el Parlamento el extender leyes permisivas en esa dirección), lo que hacen es imponer su punto de vista, hacernos ver que sólo “su” verdad vale para la vida social y es la postura democrática. En realidad, son los grupos pro aborto y pro eutanasia los que caen en una actitud violenta al defender, como si se tratase de un “derecho”, el que unos puedan acabar con la vida de otros.

Oponerse al aborto y/o eutanasia es defender la vida

Oponerse al aborto y a la eutanasia no es, por tanto, algo que dependa simplemente de las ideas religiosas, ni algo que puede quedar relegado al mundo de las opiniones subjetivas. Más bien, oponerse al aborto y a la eutanasia es la consecuencia lógica de quienes defienden el respeto de los derechos humanos de todos, lo cual es un requisito básico para garantizar la convivencia en la sociedad.

La defensa del derecho a la vida, como bien decía Norberto Bobbio, no es monopolio de los creyentes. Todos los hombres y las mujeres de todas las creencias y de todas las opiniones están llamados a defender ese derecho.